viernes, 30 de diciembre de 2011

Cuento "ESPINOZA"

ESPINOZA.

Los charcos más profundos se acumulaban debajo de los columpios, al final de las resbaladillas. El aroma a tierra mojada se extendía por el aire fresco.
Carlos y yo caminábamos por la vereda desolada. Hacía menos de una hora, las calles y los juegos eran un hervidero de chicos, pero de pronto la lluvia torrencial, y en cuestión de segundos todo quedó vació. Pero estos aguaceros son así, lo sabemos, feroces, intempestivos pero breves. También sabemos que al entrar a casa pocas ganas quedan de salir de nuevo, sobre todo cuando el sol ya comienza a despedirse.
Así que aburridos, algo apáticos, maldecíamos el reciente temporal. Yo iba detrás de mi amigo y aunque los pasatiempos eran mínimos, lo prefería a estar con mi padre viendo televisión.
-Si no encuentro que hacer, me voy- advirtió Carlos y rogué porque un paliativo apareciera en los próximos minutos. Era la quinta vuelta a la manzana y sin nada que alentara un juego, una fechoría.
De pronto la expresión de Carlos pasó del fastidio al entusiasmo. A la distancia un niño en cuclillas observaba con detenimiento algo en el suelo. Al principio no pude distinguir quién era, conforme nos acercamos lo hice, se trataba de Espinoza, el chico más antipático e inofensivo del barrio, a su vez hijo y hermano de las dos mujeres más deseadas. Esa tarde Espinoza, con una sorprendente concentración, recolectaba insectos debajo de las piedras, por eso, no se percató de nuestra presencia y sólo con la patada de Carlos que recibió en el costado supo que alguien importunaba sus devotos estudios entomológicos.
-¿Qué haces con esos insectos maricón?- le preguntó mi amigo con ese tono bravucón aprendido de su hermano mayor.
Espinoza que hizo un esfuerzo por disimular el dolor, no respondió y quiso levantar la bolsita de nylon transparente que contenía dos cochinillas (hechas bola), una araña embarazada y varios gusanos de tierra.
Carlos se lo impidió colocando su pie sobre la mano del niño y apoyando todo su peso. Esta vez Espinoza no pudo ocultar el daño y emitió un grito agudo y lamentable que me llenó de vergüenza. Hice un intento tímido por persuadir a Carlos de que no lo lastimara más. Pero en lugar de hacerme caso, atendió mi pedido con un puñetazo justo en la boca de mi estómago.
Bien sabía Carlos que lejos de devolverle el vilipendio me subordinaría a sus propósitos y así fue; después de recuperar el aliento, adopté la actitud servil del sumiso a la fuerza. Carlos retiró el pie de los dedos del chico sólo para darle un puñetazo entre la oreja y la nuca. Espinoza se cubrió y emitió un llanto suave, producto más del miedo que del dolor. Mi amigo exigió mi parte en el castigo; en un principio no me atreví, pero el puño de Carlos volvió a cerrarse y no tuve más remedio. Con disimulada precaución caminé un par de pasos hasta colocarme a un lado de Espinoza que había olvidado ya a sus insectos y mantenía el llanto mientras cubría su oreja con la misma mano sucia y sangrante que Carlos pisó. Con absoluta desgana lancé una escrupulosa patada al trasero del chico. Él, que tiene experiencia en estos abusos, a pesar de no sentir dolor, supo fingirlo, lo que mantuvo un momento a mi amigo complacido.
Carlos deliberaba consigo mismo, se esforzaba por actuar el papel de gánster. Miraba a su víctima como un enemigo de mucho cuidado al que castigar era un mérito. –Debemos llevarlo a los tinacos del edificio abandonado, allí sabremos que hacer- dijo y lo tomó por la nuca, lo puso en marcha con dos rodillazos al coxis.
El edificio abandonado no estaba muy lejos y al llegar, nos recibió el olor de meados muertos reavivados por la lluvia. Allí Carlos aventó a Espinoza con tal fuerza que el chico se raspó la cara contra el piso.
-Oye, qué te sucede- le reclamé a mi amigo, sin poder evitarlo. Esa ocasión no fue un puñetazo en la boca del estómago, fue una lluvia de golpes y patadas que también me mandaron al suelo.
Carlos puso de pie a Espinoza y con un cable que siempre traía en la bolsa del pantalón (su papá era electricista) amarró al chico a uno de los tubos del agua. Mientras yo trataba de componerme, escuché como Carlos hablaba con su víctima a lo bajo, pero con absoluto énfasis. Entre los murmullos alcancé a escuchar que repetía. –Me he cogido varias veces a tu mamá y a tu hermana- Al parecer esas palabras atormentaban más a Espinoza que los flagelos físicos, pues apretó los parpados como si eso le evitara escuchar.
Carlos insistió, ahora con un tono más alto, enfatizando las palabras más dolorosas. En medio de mi temor supe que a lo más que Carlos había llegado era a masturbarse asomado en la ventana viendo a la madre o la hermana de Espinoza caminando por la calle.
-Ven acá- me indicó Carlos, -¿Verdad que me he cogido varias veces a la mamá y a la hermana de éste?
Yo no respondí de inmediato, y aunque mentía con mucha frecuencia, sentí que no podía hacerlo allí delante de aquel niño indefenso. .
-No te has cogido a nadie todavía, eres virgen, me lo confesaste hace poco, ¿ya no te acuerdas?-
Carlos se volvió una furia y antes de lanzarme el esperado castigo, atacó con ferocidad a Espinoza; le golpeó la cabeza contra el tinaco, con un palo de madera golpeó su pecho, costillas y riñones. En el suelo lo pateó mientras le decía que era verdad, pura verdad que se había cogido a su madre y a su hermana. Yo, que toda mi energía la utilicé en desmentir a mi amigo no pude hacer nada por Espinoza mientras recibía aquella paliza.
-Vámonos- me dijo Carlos- está muerto- y corrió a la salida del edificio, pero al ver que no lo seguí volvió sobre sus pasos y añadió con los ojos llenos de miedo –está muerto, nos van a meter a la cárcel.- casi pude entender que me quería a su lado, para no padecer en solitario su estupidez. Me jaló de la camisa pero no me moví, cerró su puño y lo colocó frente a mis ojos. Carlos era mi mejor amigo porque jugábamos futbol; porque deseábamos a las mismas mujeres; porque me prestaba sus revistas y yo las mías; porque a los dos, nuestros padres nos educaban poco y mal.
Le solté el mejor golpe que pude haber dado en mi vida, justo en su nariz, dio tres pasos atrás y cayó sentado. Sus fosas se enrojecieron y sangró profusamente. Iba a responder, pero ver el cuerpo pálido e inmóvil de Espinoza lo llevó a desistir y continuar con su enloquecida fuga.
Por algún tiempo esperé que mi amigo volviera, incluso tomé un ladrillo mohoso que usaría como arma llegado el caso, cuando me pareció que Carlos ya andaría escondido fui a ver si Espinoza daba alguna señal de vida. Al principio me pareció que cualquier intento de revivirlo era inútil, daba la impresión de haber rodado por un cerro lleno de guijarros. Le hablé, revisé sus heridas, más bien sólo las vi con repulsión. Acerqué mi oído a su pecho, al principio no escuché su corazón. Pero después de un rato oí un golpeteo muy breve. De pronto el cielo se despejó por completo y la luna se mostró en todo su esplendor, fue cuando Espinoza abrió los ojos. Al reconocerme buscó a Carlos como si prolongara una pesadilla, pero lo tranquilicé diciéndole –Se ha ido-.
Estuve un rato sin saber qué hacer, a ambos nos empapaba la luz brillante del cielo y no decíamos palabra, con esfuerzo llevé a Espinoza hasta un sitio más cómodo. -¿Estás bien?- le pregunté, pero no hizo nada por contestarme. En algunos momentos y con mucha dificultad se intentó poner de pie con la intención de marcharse, pero yo, un poco con suplicas y otro poco a la fuerza lo mantenía allí, mientras pensaba.
-Si llegas a tu casa, tu mamá te va a regañar- era lo único que podía decirle y al parecer Espinoza creía lo mismo.
Tuve la idea de ir a casa, conseguir alcohol y ropa pero temí que el chico huyera, al saberse solo.
Casi le rogué que me esperara, que no se moviera de allí. Mi padre apenas se percató de mi llegada, fui directo por lo que buscaba, agregué al contrabando algunas cosas de la alacena, unas frituras, una gaseosa y varios caramelos. Antes de salir vi unas monedas en la mesa de la cocina y también las tomé.
Espinoza me esperó, antes de curarlo y vestirlo, le di las viandas y el dinero, que recibió sin problema. Le puse alcohol sobre todas las heridas a las que lloriqueaba un poco y pedía que le soplara. Cuando el pobre chico quedó ligeramente presentable, decidí acompañarlo hasta su casa. Durante el trayecto, ambos mantuvimos el temor (por separado) de encontrar a Carlos. Llegamos, sin novedad, hasta la puerta de su casa. Antes de despedirme de él, le supliqué que no dijera nada, él me miró de forma extraña, y como si su silencio dependiera de una sola cosa preguntó:
-¿Es cierto lo que dijo Carlos de mi mamá y mi hermana?-
-No- apuré a contestarle y agregué. –Ese lo dijo para fastidiarte-.
Espinoza quedó unos segundos mirándome para comprobar la verdad, al sentirse satisfecho, emitió un largo suspiro y tocó con los nudillos la puerta de su casa. Hasta ese momento me percaté de que el interior de su vivienda provenía una música estridente. Yo aguardé hasta que un joven con una botella de cerveza abrió la puerta. Del interior salió un aroma enrarecido, mezcla de la salinidad de la cerveza y el gusto dulzón del sexo. Antes de que la puerta se cerrara casi en mis narices, alcancé a ver la figura de Samanta, hermana de Espinoza, cubriendo su desnudez con una ligera sábana que traslucía su delicada figura.
Caminé un rato antes de volver a casa, todo el recuento de esa tarde me hundía en un profundo letargo. En una de esas vueltas sin sentido vi un auto detenerse con brusquedad y del interior una mujer descender con apuro. Supe que era la mamá de Espinoza, no sé por qué, pero me acerqué a ella. Era de esas mujeres que son el sueño de cualquier chico, olía a alcohol, a perfume barato. Ella al verme a su lado se detuvo, -¡Hey, hola!- me dijo como si fuéramos amigos. Sonrió con los labios descompuestos de quien ha trasnochado con frecuencia. Antes de irse me dijo algo que al parecer le costó bastante esfuerzo: -yo he visto que nadie juega con mi hijo, juega con él de vez en cuando, por favor, es un buen chico-. Hace un pequeña pausa me toma de la mano y la dirige a su seno, -que yo sabré gratificarte- añade. Ese contacto me estremeció de pies a cabeza, me solté y corrí a mi casa. –Recuerda lo que te dije niño- alcancé a escuchar. En mi enloquecida carrera pisé uno de los enormes charcos que dejó la lluvia vespertina.


Darío Basavilbaso

viernes, 23 de diciembre de 2011

La poesía otra vez

¿Para qué sirve la poesía? Para muy poco, pero ese poco es definitivo. Cuando se va la luz, por ejemplo, lo único que se me ocurre es recitar los pocos poemas que he aprendido a lo largo de mi vida y que compruebo se van extraviando en profundidades inaccesibles; empezando por una palabra, después por un verso y al final hasta el título me abandona. Mi abuela y mi bisabuelo, tuvieron la pésima tradición de recitar poesía a lo largo del día y por consecuencia de los años. Hubo poemas que aprendí sin proponérmelo y aún mantienen una rara vigencia en mi memoria.

Enlisto mis veinte poemas definitivos hasta el día de hoy. Pero antes palabras de Flaubert que coronan mis pretensiosidades.
" Vosotros los poetas, sois felices, teneís una válvula de escape en vuestros versos. Cuando algo os molesta, escupís un soneto y aliviáis el corazón. Pero nosotros pobres diablos de prosistas, a quienes está vedada toda personalidad, pensamos en todas las amarguras que vienen a parar en nuestras almas, en todas las flemas morales que se nos atraviesan en la garganta.

1) La Tabaquería de Fernando Pessoa
2) Qué lástima de León Felipe
3) Itaca de Constantino Kavafis
4) Piedra negra sobre una piedra blanca de Cesar Vallejo
5) Serranilla de la Finojosa de Marqués de Santillana
6) Poema XX de Pablo Neruda
7) Desde la torre de Francisco de Quevedo y Villegas
8) Canción de la vida profunda de Porfirio Barba Jacob
9) Lamento por Galagher Betham de Juan Gelman
10) Soneto sonetil de Lope de Vega
11) La pequeña pelirroja de Guilleme Apollinaire
12) Correspodencia de Fuego de Tilo Arent Wenner
13) El cuervo de Edgar Allan Poe
14) Roll the dice De Charles Bukowski
15) El laurel de Frederich Holderlin
16) Epigrafe para un libro condenado de Charles Baudelaire
17) Hoja de Umberto Saba
18) Rostro de vos de Mario Benedetti
19) La pura verdad de Francisco Urondo
20) Ante el sabor inmóvil de Oliverio Girondo.

No podría decir que haya un poema en especial de Huidobro que me conmueva pero si un fragmento que me parece insuperable: Si tu murieras, las estrellas a pesar de su lámpara encendida perderían el camino, qué sería de universo.

jueves, 22 de diciembre de 2011

La primera característica de una antología es su condición arbitraria. El querido Monterroso se animó con una que lleva por sugerente título "antología del cuento triste". Borges se involucró en dos que se consideran clásicos de las selecciones temáticas: del cuento policiaco -con Bioy- y de la literatura fantástica - con Silvina Ocampo y otra vez Bioy-. El exfutbolista y motivador Jorge Valdano conformó una básica: la de cuentos de futbol. Hay dos más infaltables (por lo menos en mi librero) la antología personal de Borges de sigloXXI que lleva bastantes ediciones y la del cuento hispanoamericano publicada por el FCE, tambien con amplio palmarés. De todas las arbitrarias selecciones hay una que destaco en este momento y es la de Pitol que lleva por título Los cuentos de una vida. Acá el autor veracruzano se lava las manos a lo poncio pilatos, elige sus cuentos dilectos y no se preocupa por otra temática más que la íntima. En el prólogo de ese libro explica muy bien sus amorios con las letras: He vivido para leer. Leo para seguir viviendo. Lo que no significa que esté sólo sentado con un libro en la mano. Tengo desde luego, otros intereses; pero aun ellos son resultado de la lectura y han sido potenciados por ella.


Nada me acerca a Pitol ni a los otros mencionados, soy el más grosero diletante que contempla a lo lejos el festín de los elegidos, pero comparto los títulos de los cuentos que han dejado huella en mi cautivo corazón.


1) LA CARNE de Virgilio Piñera
2) EL SUR de Jorge Luis Borges
3) EL HOMBRE DE MI PROPIEDAD de Giovanni Papini
4) NO OYES LADRAR A LOS PERROS de Juan Rulfo
5) EL PROCURADOR DE JUDEA de Anatole France
6) LA ESPERANZA de Villiers de lislie Adams
7) POR UN BISTEC de Jack London
8) LA SOMBRA SOBRE INNSMOUTH de H. P. Lovecraft
9) EL NIÑO DEL ATARDECER de Yu Hua
10) LA CONFESIÓN DE CIAPPELLET O de Giovanni Bocaccio
11) DILEMA DOMÉSTICO de Carson Mccullers
12) EL CORAZÓN DELATOR de Edgar Allan Poe
13) LAS BABAS DEL DIABLO de Julio Cortázar
14) EL AHOGADO MÁS HERMOSO DEL MUNDO de Gabriel García Márquez
15) AMOR A LA VIDA de Jack London
16) ESA MUJER de Rodolfo Walsh
17) EL PENAL MÁS LARGO DEL MUNDO de Osvaldo Soriano
18) HIJO DE SATANÁS de Charles Bukowski
19) LA ORGÍA de John Fante
20) LA HORMIGA ARGENTINA de Italo Calvino

Aclaro que mi memoria me traiciona y no logro recordar el título de un magnífico cuento de Graham Greene.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LOS TÍTULOS DEFINITIVOS EN MI VIDA HASTA EL DÍA DE HOY.

El gran Dante a mitad de su vida recorrió una selva oscura que lo llevó a los Infiernos; yo a la misma edad no me animo a empresas tan arduas. pero si a enlistar los titulos que le han dado unidad a mi existencia y sentido a mi espíritu. Quiero pensar que cuando esté cerca del otro barrio (en otros 35 años) ampliaré o modificaré lo que aquí aparece.

1) CARTA AL GRECO de Nikos Kazantzakis
2) EL CORAZON DE LAS TINIEBLAS de Joseph Conrad
3) A SANGRE FRÍA de Truman Capote
4) EL LIBRO DEL DESASOSIEGO de Fernando Pessoa
5) OPERACIÓN MASACRE de Rodolfo Walsh
6) LA ISLA MISTERIOSA de Julio Verne
7) VIDA DE CRISTO de Marcelo Craveri
8) NO HABRÁ MÁS PENAS NI OLVIDO de Osvaldo Soriano
9) LA INVENCIÓN DE MOREL de Adolfo Bioy Casares
10) MOBY DICK de Herman Melville
11) LA CONJURA DE LOS NECIOS de John Kennedy Toole
12) LOS DEMONIOS DEL CONVENTO de Fernando Benítez
13) HISTORIA DE DOS CIUDADES de Charles Dickenson
14) RAYUELA de Julio Cortázar
15) JUÁREZ Y SU MÉXICO de Ralph Roeder
16) UNA CUESTIÓN PERSONAL de Ketzabouro Oe
17) DON QUIJOTE DE LA MANCHA de Miguel de Cervantes
18) LOLITA de Vladimir Nabokov
19) ZORBA EL GRIEGO de Nikos Kazantzakis
20) MUJERES de Charles Bukowski
21) 1984 de George Orwell
22) EL PERIQUILLO SARNIENTO de Joaquín Fernández de Lizardi
23) EL PREGUNTALE AL POLVO de John Fante
24) LA RAMA DORADA de James George Frazer
25) LAS FLORES DEL MAL de Charles Baudelaire

Lo que acá se enlista no sigue un orden de importancia, son libros que vuelven a mi permanentemente y por eso los evoco.

martes, 18 de octubre de 2011

Diario de un soñador de bajo presupuesto.

Desgraciadamente cuando una microforma se comenzaba a comportar en este espacio. Las obligaciones llegaron como la ola de Un tsunami. Lo dijo Heminway y lo repito yo cada que puedo; "todo se opone a la escritura" y tengo las pruebas.
Un nuevo proyecto de trabajo exige toda mi concetración y no puedo darme ningún lujo. A mis personajes les espera una temporada a la deriva, espero que tengan paciencia y yo tambien.

cierro temporalmente este lado y abro el otro con palabras siempre precisas de Charles Baudelaire:

Trabajar es trabajar sin cesar, es llegar a no tener sentido, a no tener ensueños, es ser pura voluntad. Siempre en movimiento. Es posible que llegue a conseguirlo.

viernes, 7 de octubre de 2011

Diario de una novela X

7/oct/11




Sólo podré conocer las definitivas fallas y los relativos aciertos conforme avance en los bosquejos. Cuando ya reuna un respetable número de páginas sabré que terrenos piso, para eso faltan por lo menos una centena de folios que se miran como un horizonte lejano, al cual se llega por un camino escarpado, con gijarros salientes que lastiman pies descalzos. Mantengo el ánimo.


Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones y a los cíclopes
ni al colérico Posidón,
seres tales jamas hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.

Indiscutible fragmento de Constantino Cavafis.


Capitulo 2 (borrador)

Allí se está fuera del tiempo, bloques de incertidumbre sustituyen los minutos, las horas, los días. Por algún favoroso azar están juntos de nuevo, pero ninguno dice nada, están abatidos, agotados, doloridos. La celda huele a meados y a mierda, ellos huelen a lo mismo, más la transpiración particular y el miedo. Mariano levanta la cabeza, se anima a posar los ojos en cada uno de sus amigos, primero en Alfredo; a primera instancia pareciera que no hay algún cambio significativo en su semblante, tiene la mirada perdida, pero como casi siempre, desde que lo conoce. Quiere decirle algo, pero no sabe qué pueda romper el silencio que se impone entre ellos. Prefiere voltear los ojos a Javier que se lo mira un poco mejor, dueño de si, de sus pensamientos. En un instante el músico siente la mirada y voltea pero de inmediato Mariano mira a otra parte. Por momentos llegan sonidos del exterior, ecos y voces que los sobresaltan, que los dejan sin respiración por algunos segundos, pero cuando saben que no van dirigidos a ellos, vuelven a respirar y retornar a sus pensamientos.
Javier de pronto rompe el silencio:
-Es americanista- dice y sus palabras se ahogan en el espacio sombrío que los resguarda.
-Es americanista- vuelve a decir con más garganta, dirigiéndose al primero que le responda.
Alfredo y Mariano lo miran como si en esos ojos compadecieran a su amigo, que al parecer comienza a desvariar.
Javier insiste por tercera y última vez con lo mismo.
-Es americanista- dice y por fin logra una débil respuesta.
-¿quién? Pregunta Mariano con toda apatía.
-Hugo- responde Javier y ese nombre pone en alerta a los tres.
Alfredo torna unos ojos graves sobre Javier y no se lo dice con palabras pero da a entender que espera oír más.
Javier lanza una pregunta:
-¿Has conocido un pintor que le haya al América?-
Alfredo se queda algunos segundos buscando la respuesta en su mente, no la encuentra y niega con la cabeza.
Después la pregunta se dirige a Mariano
-¿Has conocido a un escritor que le vaya al América?-
Mariano hace lo mismo que Alfredo, buscar en sus recuerdos, sabe que hay un poeta preciosista y bucólico que llega a las tertulias literarias con la camisa del América debajo de su saco. Pero ese no vale, busca a otro y no da con ninguno.
-No- responde- pero, ¿eso a que viene?
Javier se complace de comprobar esas negativas, antes de ampliar su teoría dice que él tampoco a conocido músico que le vaya al América.
-Ese cabrón nos tiene aquí- dice – no fue mala suerte, el lo tenía todo planeado.
Las últimas palabras se pierden en un eco que se aleja, Ni Alfredo ni Mariano atinan a decir algo, seguro que a Javier el tehuacanazo le llegó al cerebro y estas divagaciones son la muestra.
-Cuál es el equipo que más odias Alfredo?- insiste Javier con el tema.
El pintor está apunto de dejar pasar esa pregunta, pero en último instante decide responder.
-Al América.
Una sonrisa amplia se coloca en el gesto de su amigo, el primero lo mira con la convicción de haber descubierto un enigma. No pasan ni dos segundos cuando la misma pregunta va al otro de la escena.
-¿Cuál es el equipo que más odias Mariano?-
Éste se queda pensando un momento, tiene casi la respuesta en los debilitados labios, y dice lo mismo, que alegra los oídos de su interlocutor.
-Al América.
-Yo también- dice Javier y por algunos segundos flota en el ambiente esta última convicción.
Una voz exterior distrae lo que se perfilaba como una prometedora ágora intelectual.
Un policía se acerca a la reja y con indiscutible tono macabro dice:
-A ver putitos, ya se los va a cargar la chingada-
Extrae un juego de llaves y se dispone a abrir la reja cuando uno voz lejana se dirige a él.
El policía sonríe, mira detenidamente a cada uno de los tres y sin decir más pospone su febril tarea.
-Bueno- dice Mariano, dirigiéndose a Javier- pregúntale a ese policía si le va al América seguro te dirá que sí y nos dejará libres.
Javier va a responder algo, pero se interpone Alfredo, dirigiéndose a Mariano.
-Tiene razón- dice. –seguro algo tendrá que ver que Hugo sea americanista, pero de nada nos sirve en ese momento.
Los tres se miran entre si, el enigma primigenio quedó resuelto pero poco gusto aportó entre los involucrados.
-¿Nos llevarán al reclusorio?- preguntó Mariano.
-Seguro- responde Alfredo.
-Hablaré con el juez- dice Javier pero Mariano lo interrumpe.
-Bueno, si le va al Atlante tenemos posibilidades…-
No hay más palabras, su realidad de pronto se impone y nada saben del futuro, sólo que diferirá del presente.
Tienen miedo, quisieran estar juntos, desde ese momento en adelante, tal vez con el sufrimiento ajeno puedan soportar el propio.
Escuchan los pasos pesados y pausados del policía de hace apenas un momento. También llega sus oídos el sonido inconfundible que hacen las llaves al chocar entre si.
El policía abre la celda, y entra, en una clara muestra de amedrentamiento, ajusta la cintura de su pantalón para mostrar el arma que allí descansa.
Esta vez no dice palabras macabras, mira a los tres hombres como se le mira a un pordiosero. Busca un lugar donde ponerse cómodo y lo encuentra justo a un lado de Alfredo.
-¿Tienen dinero?- pregunta sin exordio, directamente al que quiera responderle.
Pero la respuesta se dilata, uno, dos, tres minutos. El policía vuelve a formularla. Ahora imponiendo un tono grave, definitivo.
-¿Tienen dinero?-
Alfredo responde por él. –Yo no- esto anima a los otros dos y como acompasados emiten la negativa.
Al policía que parece incomodarle la pistola a la cintura, la saca y la reacomoda en la parte que corresponde a la espalda.
-Yo los puedo ayudar- dice en tono amigable. –pero necesito que cooperen-
No hay que ser muy inteligente para conocer ciertas motivaciones.
Mariano pregunta: -¿cuánto?- y el policía escupe una carcajada como producida por un botón.
-No es tan fácil- dice el guardián del orden. Después de recuperar la serenidad.

jueves, 6 de octubre de 2011

Diario de una novela IX

6/oct/11


Lo acepto; Me resisto a comenzar a describir al resto de los personajes de la novela. Tengo una idea pero muy poco definida. Considero la necesidad de perfilar algunos rasgos de la personalidad de cada uno. Tengo presente que son personajes especiales, que viven una situación complicada, estan en un espacio judicial, no hay movimiento (como en el boceto anterior) Los tres tratan de entender por qué están allí, hacer una remembranza -ligera- de los acontecimientos más recientes, aportar algunos rasgos de su personalidad. Mariano me parece un tipo con tendencia al pesimismo, a la apatía. Alfredo en cambio tiene rasgos de un tipo bastante introspectivo, aislado, y por último Javier maneja el pragmátismo mejor que los demás, también es optimista y tiene confianza. Obviamente en este bosquejo debe de imponerse el dialogo, que combine los estados de ánimo de tres tipos bastante inocentes que saben que no los espera preciamente un lecho de rosas. El dialogo debería complementarse de una descripción más o menos sombría del entorno . No sé si será bueno Flasbackear, por ahora considero que no. Me gustaría que el tema del futbol se destaque en algún momento, a pesar del complejo escenario debería (por mi bien) darse la ocasión.

Mañana seguramente habrá noticias de este borrador, buenas o malas no sé, pero algo habrá que decir.


Puto es el hombre que de putas fía,

y puto el que sus gustos apetece;

puto es el estipendio que se ofrece

en pago de su puta compañía


Puto es el gusto y puta la alegría

que al rato putaril nos encarece;

y yo diré que es puto a quien parece

que no sois puta vos, señora mía.


Más llámenme a mí puto enamorado,

si al cabo para puta no os dejare;

y como puto muera yo quemado


si de otras tales putas me pagare

porque las putas graves son costosas

y las putillas viles, afrentosas.


Curiosidad de Francisco de Quevedo y Villegas

miércoles, 5 de octubre de 2011

Diario de una novela VIII

5/oct/11


Al comenzar los bosquejos de una novela, no existe una sólo certeza, todo es una espesa capa de dudas. Uno está realmente sólo; las palabras motivadoras de los autores tutelares que guían algunos pasos tienen un valor a posteriori. Uno no sé da cuenta sino hasta muy avanzado el trayecto cuando comienza a tomar forma esta sacrílega intensión de ficcionar. Traté de leer "Cartas a un joven novelista" y lo dejé casi al instante, por una sencilla razón; creo que el mejor consejo que se le puede dar a un escritor es que escriba, que recurra a todos sus recursos, lícito o ilícitos, morales o inmorales para hacerlo. Vargas Llosa sabe mejor que nadie de estos asuntos y la más valiosa exhortación la deja para las últimas lineas.

Considero primordial, estar un par de pasos adelante de una apatía siempre presente en estos ejercicios literarios, Uno no sabe ni como ni cuando pero de pronto ya está aposentado en la inacción, cumpliendo el siniestro propósito de dar vueltas sin parar a la novela.

Tiempo tambien se necesita, de 24 horas que tiene el día se cubren las cuotas de padre, esposo, ciudadano, ente, empleado, lector, amigo, enemigo y si queda un especio que, definitivamente, debe ser generoso, uno se convierte en escritor. El ejercicio de escribir de pronto se transfigura en un acto clandestino, subversivo, mitotero, algo ruin y sinverguenza.

Ya superados estos "pormenores" uno logra darle forma a su atrevimiento, a fuerza de insistir, la obra toma una forma definitiva y uno, exhausto, al final piensa: -Es lo mejor que puedo hacer-. Después se toma su tiempo para buscar en la agenda a los amigos más fiables, a los que harían algo por nosotros, como leer la novela y dar el visto bueno, pero otro asunto se interpone, nuestros amigos tienen su vida, sus propias preocupaciones y casi nunca están en condiciones de hacer extravagantes favores, algunos por allí aceptan, pero desisten al poco tiempo y si por un milagro heroico llegan al epílogo, sus palabras se reducen a rudimentos decepcionantes. Entonces el pinche escritor despesperado se dirige a la agenda negra, donde aparecen los nombre de los críticos literarios feroces, con el dedo señala los nombres y encierra en un grosero círculo rojo su dirección de correo electrónico, esto es lo más parecido a ponerse una pistola en la cabeza. con impulsos suicidas, envia indiscriminadamente archivos de novelas a las bandejas más siniestras. Por supuesto la mayoría los despacha sin ni siquiera echarle un vistazo. Pero los que quedan, por lo regular son almas de verdugo, lo leen con el ojo más clínico que ofrece la crítica, despedazan la obra, sin misericordia, envian las buenas nuevas al osado escritor que mientras lee aquello, siente que es mejor subirse a un ring y recibir ganchos, uppers y rectos que bancarse lo que tiene delante.

El tiempo hace su parte y en alguna ocasión el autor intentó tomar la pluma, pero el dolor de la vapuleada sigue vigente y se instala en la yema de los dedos. El ficcionante, abandona esposa, hijos, trabajo, se lo mira en hospejades sospechosos, en cantinas de mala muerte, termina sus días en un cuarto de azotea olvidado y hecho mierda...


Quiero llegar cansado hasta tu puerta

que me digas adios con tu pañuelo

y continuar absorto mi camino

José Hierro.

lunes, 3 de octubre de 2011

Diario de una novela VII

3/oct/11




Tuve algunos minutos de absoluta libertad y fue a colocar mi trasero a un sitio donde pudiera escribir sin parar cuatro horas seguidas. Sin muchas dudas de pormedio lo hice, y esto fue lo que salío. Imposible hablar de algo definitivo, para lo único que me ayudó fue para darme cuenta que: 1) Mis personajes estan ansiosos por salir. 2) Es un hecho que ambientaré la novela en los años ochenta 3) El tema del futbol tendrá su lugar 4) las viejas dominan el panorama. 5) Mantengo el buen ánimo.



CAPITULO 1. (borrador)

El auto emitió ese sonido brusco que tanto alentaba a Hugo. Salomé por su parte acomodo su gordo trasero en el asiento del copiloto. A propósito del trasero de Salomé, de un tiempo a la fecha se ha vuelto más grueso, esto sin duda a la buena vida que se ha permitido con su novio.
Hugo conduce más rápido de lo que permiten las transitadas calles de la cuidad de México, no es noticia que insulté y discuta con otros conductores. Se nota un poco ansioso, pero por momento lo desborda una rara alegría y canta o grita como si celebrara un acontecimiento favorable. En realidad es eso, celebra algo singular que le viene pasando de días a la fecha pero hoy, al parecer da rienda suelta a sus emociones. Su novia lo observa, por momentos piensa en eso que a ella también la alegra pero sin duda no al grado de su novio, a decir verdad esa algarabía la irrita un poco, pero prefiere no dar rienda suelta a las reminiscencia que de un momento a otro irán agobiándola. Prefiere pensar en el porvenir, en el viaje a Cancún que esta a unas cuantas hora de materializarse, prefiere verse caminando por la arena de la playa, con uno de esos bañadores en tonos vivísimos pasados de moda pero que ellas desea fervientemente. Pero las saca de sus pensamientos, una pregunta mal intencionada de Hugo.
-¿Por qué tan callada?-
Al principio Salomé va a decir cualquier cosa, pero sabe que de un tiempo a la fecha las preguntas de su novio llevan esa carga de celos y de desconfianza que se percibe en la primera y la última palabra. Celos y desconfianza pendejas que el mismo provocó y que de días para acá parecen atormentarlo bastante. Hugo repite la pregunta con un tono que avisa que su alegría lo ha vuelto a abandonar intempestivamente.
-¿Acaso estas acordándote de alguno de esos pendejos?- Dice Hugo como si en ese nuevo cuestionamiento desahogara sus furtivos temores.
Salomé lo miró a los ojos, Hugo, por supuesto no puede soportarle la mirada porque debe prestar a atención al camino, pero aunque viera en otra dirección los ligeros soslayos avisaban a su novia que la respuesta era más que requerida so pena de enfrentar un nuevo desaguisado.
Salomé dijo. Si, bueno, no, esta bien, un poco…
En cuál de esos tres?- volvió a preguntar Hugo, con un evidente tono de enfado.
Su novia no contestó de inmediato, sabía que a Hugo le desconcertaban sobremanera los pequeños intervalos de silencio que le ponían la imaginación a mil.
-Pensaba en Alfredo, dijo finalmente la mujer.
Hugo orillo el auto y detuvo la marcha, se colocó en una posición en la que podía someter a su novia y así lo hizo. La sujetó de los cabellos y jaló hacía si. Salomé que ya tenía bien conocido ese y otros castigos, colocó cuello y cabeza de tal forma en que el dolor se sintiera lo menos.
-Y que puedes pensar de ese cabrón?- Es el mejor de los tres? O que los cuatro?
Salomé hizo como si no hubiera escuchado la pregunta e interrumpió.
-Me quedé con un cuadro de él y me gustaría regresárselo.
Contrario a lo que se pudiera pensar, Hugo en lugar de cancelar el castigo dio un tirón de greñas más fuerte que sin duda debió de provocar dolores en su novia.
-Olvídate de esos hijos de la chingada, porque si no tu acabarás igual que ellos, ¿Me entiendes?
Por la cabeza y cuello de la mujer circulo esa sensación ardiente que provoca ese tipo de castigos. Sin embargo, guardó silencio, intentó resistir, tenía la clara consciencia de que Hugo no pasaría de los castigos físicos, las patadas y los puñetazos lo más de temer. A lo cual ella ya estaba más que acostumbrada.
Finalmente su compañero al percatarse que sus labios no emitían la respuesta, soltó a su novia y con tono cansado, le dijo.
-Por favor, por favor.
Después de tomar aire y superar el encono, el hombre reanudó la marcha de su auto. Por algunos no minutos cruzaron palabras entre ellos y sólo después de un rato Hugo preguntó.
-Quieres comer algo?-
Salomé iba a negarse, pero tenía hambre, a decir verdad mucha, tal vez por eso su mente divagaba por el recuerdo de los tres desafortunados que habían sido víctimas de un trampa de graves consecuencia.
-si,- respondió secamente. Suficiente para que Hugo hiciera un brusco golpe de volante y se colocara a un costado de un Burger Boy.
Sin mediar palabras, él descendió del auto y fue a comprar los alimentos. Ella se quedó viéndolo y nada pasó por su mente en aquel instante.
Comieron con el auto en marcha. Cuando hubieron terminado, ya con mejor humor Salomé lanzó una pregunta.
-¿Cuánto dinero te queda?-
A Hugo la pregunta primero lo desconcertó y después lo puso de nuevo de malas.
-Algo- respondió sin rasgo de convicción.
-¿Cuánto? Insistió ella, con toda la seguridad de que su novio volvía a la exasperación.
-Lo suficiente, para lo acordado, no me estés chingando Salomé-
-¿Lo suficiente?-
-Si, lo suficiente-
-¿Ya descontando lo de don Isidro?-
-Si, ya descontado.
De pronto se interpuso un silencio forzado, una forma de contraatacar en cualquier momento por el lado de ella.
-Javier, me prestó dinero, sería justo pagárselo.
Hugo, al oir aquello, frenó de golpe sin siquiera, tomarse la molestia de no estorbar a los otros autos. Miró con el peor de los rencores a su novia y muy cerca estuvo de lanzarle una bofetada, pero se logró componer, más no dejó los gritos y las majaderías.
-¿Cómo que te presto dinero? Hija de la chingada, para que?
Salomé se sintió ligeramente abatida, era el cuento de nunca acabar con el tipejo que tenía por pareja, explosivo y desgraciado como ninguno.
-Para lo de mi papá no te acuerdas?
Hugo, vomitó un negativa rencorosa,
-No, no recuerdo algo respecto a tu pinche padre
Los autos ya manifiestan su disgusto por encontrar un vehículo que obstruye su libre circulación.
Novio y novia intercambian algunos manotazos de encono, obviamente los de él son más pesados y alcanzan en par de ocasiones el rostro ella.
Es sólo la sirena de una patrulla lo que los devuelve a la dura realidad y Hugo retoma el control de su auto.
Como película muda ya vista, se vuelve a imponer un silencio que flota en una atmósfera de auténtica ruindad, si no se interpusiera el sonido de los casetes de Hugo, el sonido de dos bufidos monocordes llegaría a oídos ajenos.
-¿Y cuánto te presto? Pregunta Hugo en heroica muestra de autocontrol.
Salomé, hace como que no escucha, o como si las palabras fueran dirigidas a un tercer ocupante de ese Atlantic GlS último modelo.
-El pintor, te dejo un cuadro, el músico te prestó dinero, le escritor te dedicó un libro de poesía?
Salomé rio ante la pregunta estúpida e inocente de su novio. Se quedó en ese contento por algunos minutos hasta que llegó una siguiente pregunta que le quitó de golpe el buen humor.
-¿Quién de los tres te cogió mejor?-
Ese cuestionamiento era como una puñalada artera a la más profunda entraña. Hace apenas un momento, Salomé reía de pronto, no pudo ocultar una lágrima producto de la pregunta zahiriente.
-Los tres- respondió con calculada saña y colocó su mirada donde Hugo la pudiera ver sin distraerse demasiado.
No contenta con ese auténtico atrevimiento, prosiguió,
-Cada uno tiene lo suyo-
¿Y sabes cual la tiene más grande?-
Un notorio estremecimiento recorrió el cuerpo de Hugo, el punto débil de cualquier masculinidad es precisamente saber que alguna virilidad supere a la propia.
-Cállate o te rompo la madre- dijo.
Y Salomé volvió a un instante de buen humor que le duró lo que faltaba del recorrido.
2
El auto lo estacionó en la calle X, y ambos caminaron por el andador, cuando estuvieron cerca del edificio que buscaban, Hugo tuvo a bien de tomar la mano de Salomé, esto no obedecía a un espontaneo buen sentimiento, sabía que don Isidro dominaba la vista desde su departamento a cierta distancia y que verlo tan cerca de ella era mejor que no verlo así.
Tocaron el timbre y al instante ya subían los escalones que los separaban del cuarto piso.
-Sabías que el puto dueño del América quiere el mismo numero de jugadores de mis chivas y de tus pajarracos- dijo don Isidro apenas vio a Hugo entrar por la puerta.
Pocas ganas tenía el hombre recién recibido de discutir sobre pormenores de futbol, que nunca faltaban en esas visitas, pero era inevitable, así que un poco de mala gana dijo:
-Mis águilas son mejores aquí y en china.
Don Isidro se rio y volteo a ver a Salomé que tenía el rostro ligeramente ensombrecido.
-Hola nena, le dijo. ¿Cómo te va?-
Salomé le extendió la mano a su interlocutor pero él, la jaló del brazo para darle un beso en la mejilla.
-No me salude como si fuera su Apa, chamaca, soy su amigo.
La joven afirmó con desgana, y se esforzó por colocar una sonrisa en los labios.
Hugo mientras tanto, se dejó caer en uno de los sillones de piel que componían la abigarrada decoración de un departamento más bien pequeño, colocó a su costado un maletín que siempre trajo consigo y una pistola 357 que lleva en la cintura.
-Es mi dinero, cabrón?- preguntó Don Isidro,
Hugo, con movimiento displicente afirmó.
La puerta de una habitación se abrió y un hombre gordo y amodorrado, salió saludando con toda la pesadez de su cuerpo.
-Tráele algo de tomar a este- dijo Don Isidro al hombre que apareció en escena.
Como autómata, éste se dirigió a un minúsculo bar situado en una esquina del departamento y extrajo sendas botellas de tequila.
-Eres el único Americanista que dejo entrar en mi casa y le doy de beber de mi tequila, hijo de la chingada- dijo Don Isidro dirigiéndose a Hugo.
-Tal vez se está dando cuenta que somos mejores.- respondió este sin dejar la indolencia.
Isidro se río, cosa que no sorprendió a Hugo, siempre lo hacia cuando el tema del futbol se guía por pasiones absurdas. Pero escuchó también la risa de Salomé acompasada a la del hombre mayor, ligeramente feliz, como si entre aquellos se hubiera llevado a cabo un dialogo privado que incluyó muchas carcajadas y el tema fuera el mismo.
Mientras pensaba en eso, recibió el vaso de tequila y sin esperar los habituales parabienes volcó el trago en su garganta.
Todos se mantuvieron bebiendo por buena parte de esa tarde, Don Isidro insistió un par de veces en el tema del futbol, pero no tuvo una respuesta clara y desistió pronto. Hugo observó que Salomé bebía de una forma extraña, como si cada shoot de tequila fuera la dosis de un medicamente muy importante, no bebía para ser parte de ese monótono encuentro, sino para cancelar algo en su cabeza.
El gordo, que por momentos aparecía y por momentos se encerraba en una habitación, colocó dos botellas más de tequila cuando las primeras se terminaron.
Hugo estaba bastante disminuido con el alcohol pero se percató cuando Don Isidro tomó el maletín y al mismo tiempo la pistola.
-Te has escabechado a alguien con esta belleza?- preguntó el viejo.
Hugo, no respondió, se limito a sonreir e intentar balbucear algo incomprensible.
Don Isidro, colocó el arma muy cerca de si y revisó el contenido del maletín, había unos cuantos fajos de billetes.
-Es lo pactado- dijo Hugo, con voz desarticulada.
-Y de cuanto fue el botín, cabrón?- preguntó Don Isidro como si la bebida no hubiera hechos estragos en él.
-No me acuerdo, pero no fue mucho- dijo Hugo que comenzó a sentir una ligera ansiedad.
-¿Quién te ayudó?- cuestionó el jefe.
-Unos gueyes, pero los agarraron.
-¿qué gueyes?-
-Unos, vecinos pendejos.
Don Isidro, guardó silencio e hizo una pequeña operación mental para después agregar.
-Entonces no tuviste que repartir mucho
Hugo no respondió, se quedó con el vaso de tequila vacio en la mano y miró al gordo que cruzó delante de él, rumbo a la cocina.
Pasó como un instante denso, brumoso, cuando Hugo se dio cuenta, su jefe miraba un programa por televisión y su novia, colocaba en su vaso las últimas gotas de una botella de tequila. Dio gracias a Dios (porque era creyente) que la última pregunta se haya
disipado.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Diario de una novela VI

Más dudas que certezas: ¿Si ambiento mi novela en los años 80´s? ¿Qué podría leer para conocer el proceso creativo de un pintor? ¿De un músico? ¿De un escritor? Tengo conmigo el libro de Samuel Ramos; Filosofía de la vida artística, ¿Me serviría leerlo? ¿Me hará desistir de mis propósitos? ¿Cuánto me durará esta fiebre? ¿Lo suficiente para comenzar? ¿Lo suficiente para terminar? Éstas y otras cosas me pregunto.




Unas cuantas palabritas precisas de Osvaldo Soriano:




Talentosos o mediocres, son pocos los escritores que están conformes con su obra recién terminada, y de inmediato empiezan a reescribirla, a retocarla, a disecarla, a cortarla en rodajas. Al emprender el monumental Fausto, Goethe decía que la inseguridad es buena consejera, siempre que no se vuelva paralizante. En otras formas de arte la ayuda es de alguna manera posible; en literatura, el autor está siempre solo como un corredor de fondo. Y de esa soledad debe sacarlo todo: música de cielo y ruido de tripas. También alguna forma de belleza y la peregrina ilusión de que un día alguien decida abrir su libro para ver si vale la pena robarle horas al sueño con algo tan absurdo y pretencioso como una página llena de palabras.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Diario de una novela V

El mismo día, en la tarde.


Sucede que a lo largo de mi vida (y no creo ser el único que lo experimente) he conocido a personas realmente singulares; individuos que al contemplarlos parecen extraidos de una novela o dignos de protagonizar alguna ficción. Curiosamente no es un fenómeno sencillo este de las transfiguraciones. Primero, los personajes unificados, es decir lo que por si sólos se moverían en una atmósfera literaria son los mejor conocidos como tipejos, antagonistas o hijos de puta; la gente detestable no tendría que anexar a su personalidad elementos ajenos, por medio de los particulares llegarían lejos. En cambio, un personaje con características eticamente correctas, de buenos modos, afable y digna de elogios, siempre tendrá algo que le haga falta. Con esto concluyo que un personaje ojete es fácil representar, un personaje Gooda Onda es bastante difícil por la complejidad de su personalidad. En este esbozo de novela que tengo en la cabeza, existe un personaje con las caracteristicas de un mierda y a su vez una mujer compañera de éste que no es precisamente Helen Keller.

Este Personaje -al cual tengo todo el deseo de detestar- se llama Hugo, y es la representación casi exacta de un tipejo que alguna vez conocí. De estatura media, morocho, cargado de espaldas, pretencioso, seductor de domésticas, hablador, mañoso y con mirada triste (su único atributo).

El otro personaje que tengo más o menos definido en una primera perspectiva es a la novia de Hugo, de nombre Salomé, mujer que imagino, ligeramente entrada en carnes, con rasgos finos pero comenzando a marchitarse, admirablemente puta, más inteligente que en apariencia, vulgar pero silenciosa (¿es posible?) y algunas linduras más, que ira definiendo en su amplia colaboración.

Los artistas aún los tengo en un estado embrionario patéticos, no es fácil determinar la personalidad -y que suene verosimil- de tres cabrones que aman el arte pero son unos perdedores de primera; imagino que en esta instancia se contraponen dos aspectos fundamentales; la sensibilidad y la disposición a soñar. Es lo único que sé de ellos hasta ahora. Me he puesto como límite el viernes para definir unas primeras notas ya más directas y en absoluta armonia con lo que pretende ser mi novela.


Pasan de las 16 horas, el sol afuera es intenso, hoy desayuné poco, preparo el almuerzo mientras mi mente insiste en que no pare de escribir. Hace apenas un rato, cuando iba por mi hijo, un pájaro se anido en mi cabeza y me puso el tema para un cuentito. Ni como decirle que no tengo ocasión...

Diario de una novela IV

28/sep/11


El inevitable preludio a la conformación de una novela me colocó delante de los consagrados diarios y la amplia correspondecia de mis escritores tutelares. Ahora sigue un material no tan íntimo pero igualmente revelador; varios autores se han tomado tiempo para ensayar con el tema.


Existe una magnifica publicación de la UNAM que entrega tres visiones vastas sobre el ejercicio de llevar la ficcion a su escala más amplia. Un librito que conjunta las aportaciones de Walter Besant, Henry James y Robert Louis Stevenson. "El arte de la ficción" es el título.




Transcribo lo que ha dicho cada uno de ellos y que hoy me alimenta.




WB






  • Sin duda es maravilloso un arte que capacita a la gente -a toda la gente- que le da esta capacidad de visión y de sentimiento; la pintura ha hecho más por la naturaleza que por la humanidad. La escultura no pudo hacerlo, porque trata de situación y de forma, y no de acción. La música no puede hacerlo, porque la música (si entiendo bien) apela especialmente al individuo centrado en si mismo y en sus propias aspiraciones.




  • Emerson dice, muy ciertamente, que un viajero nunca se lleva nada de un lugar excepto lo que lleva consigo.




  • Debe empezarse a escribir hasta que los personajes estén tan claros y nítidos en el cerebro, tan bien conocidos, que desempeñarán sus partes, adaptarán su diálogo y sus acciones a cualesquiera situaciones en que puedan encontrarse.




  • No debe de haber en una novela como tampoco en un poema, una sola frase descuidadamente redactada.




  • No debe de haber cosas inconclusas, ni el menor signo de cansancio o de prisa, nada de chapucerias. El autor debe amar tanto su obra que se complazca tiernamente en cada una de sus partes, y ser literalmente incapaz de enviar una sola página de ella sin los toques finales.


HJ







  • El arte vive de la discusión, del experimento, de la curiosidad, de la variedad de los intentos, del intercambio de opiniones y de la comparación de puntos de vista.




  • Pero existe tanta diferencia como hubo siempre entre una buena novela y una mala: la mala es barrida junto conlas telas pintarrajeadas y los mármoles estropeados, hasta algún limbo que no vista nadie, o hasta algún infinito depósito de basura, más allá de los confines del mundo y, la buena subsiste y emite su luz y estimula nuestro deseo de perfección.




  • ...esa responsabilidad general, recae sobre ella, pero es la única que puedo imaginar. Las maneras en que está en libertad para lograr este resultado (interesarnos) me parecen innumerables, y tales que solo podrían sufrir si se las indica o se las encierra por prescripción. son tan variadas como el temparemento del hombre, y triunfan en proporsión a lo que revelan de un espíritu particular, diferente de nosotros. Una novela en su definición más general, es una impresión personal y directa de la vida: eso, para empezar, constituye su valor, que es mayor o menor según la intensidad de la impresión.




  • Es una sensilidad inmensa, una especie de enorme telaraña con los hilos más finos, suspendidos en la cámara de la consciencia, y que atrapan, en su tejido, toda partícula transmitida por el aire.




  • Ese atisbo formó un cuadro; duró sólo un momento pero ese momento fue una experiencia.




  • La Ilusión de la Vida, el principio y el fin del arte del novelista.




  • Una novela es un ser vivo, uno y continuo como cualquier organismo, en proporsión a su vida se descubrirá, creo yo, que en cada una de sus partes hay algo de cada una de las otras partes.




  • El domino al arte es todavía, todo sentimiento, toda observación, toda visión.




  • No pienses demasiado en optimismo, ni pesimísmo, trata de captar el color de la vida.




  • Recuerda que tu primer deber es ser tan completo como sea posible... hacer una obra perfecta, se generoso y dedicado, y no cejes en el intento.


RLS







  • La vida pasa ante nostros, infinita en su complicación; acompañada de los meteoros más variados y sorprendentes; atrayendo al mismo tiempo al ojo, al oido, al espíritu -la sede del descubrimento-, al tacto -exquisitamente delicado-, y a la barriga, tan imperiosa cuando nos estamos muriendo de hambre.




  • Ningún arte es cierto en este sentido: ningún arte puede "competir con la vida"; ni siquiera la historia construida en realidad sobre hechos indiscutibles, pero despojados de su vivacidad y de su aguijón; de modo que cuando leemos acerca del saqueo de una ciudad o de la caída de un imperio, nos soprendemos, y con justicia, elogiamos el talento del autor si nuestro pulso se aceleró. Y mirad, una última diferencia: este aceleramiento del pulso es, casi en todos los casos, puramente agradable. Estas fantasmales reproducciones de la experiencia, aun en su forma más aguda, transmiten un decidido placer, mientras que la experiencia misma, en el timón de la vida, puede torturar y herir.


lunes, 26 de septiembre de 2011

Diario de una novela III

26/sep/11.
Esto de escribir un diario de una novela por lo menos sé que lo hizo John Steinbeck. Cortázar hizo algo parecido pero lo de él fue diario de un cuento. En su abundante correspondencia Gustave Flaubert, no habló de otro asunto que no fuera la creación literaria (bueno si dijo más, pero a quién le importa). Franz Kafka en su impresionante diario, aborda ligeramente el tema de la literatura pero cuando lo hace, el lector tiembla. Vargas Llosa dedica ensayos y recursos epistolares para ampliar el tema; El fantástico Wiltold Gombrowicz en su inmortal Diario Argentino, no se conforma con el tema de la creación sino el lenguaje tambien le obsesiona. Ricardo Piglia, nos da a entender que su creación más vasta y más profunda esta en sus diarios. Andre Gide que manda telegramas desde el infierno, sólo lo persivo através de sus diarios.
Siempre es gratificante encontrar algo que aborde el tema de los pormenores espirituales o creativos que acompañan la vida de un escritor; en un diario existe la posibilidad de traicionarnos. Juan Villoro en uno de sus mejores ensayos para Letras Libres hace un sabroso analisis de este asunto. Además de los diarios -creaciones a priori- está la correspondencia que cumple la función coyuntural entre el escritor, la posteridad, el olvido, la memoria, Mientras avanzo en esta disertación recuerdo a otros autores que han ensayado en el diario y en la correspondencia pero con frecuencia me equivoco respecto a lo que dicen, me gustaría cerrar las lineas de hoy con palabras siempre exactas de Juan Villoro "Narrar conforme al calendario puede organizar lo real en una historia, rescatar la novela sumergida en el exceso de las cosas"

viernes, 23 de septiembre de 2011

Diario de una novela II

23/sep/11.

Creo que comenzaré con palabras de Heminway: La única cosa de la que un escritor puede estar seguro a lo largo de su existencia es que todo el mundo intentará impedir que escriba. Familia, escuela, dinero, política, amigos, enemigos, mujeres, conocidos y críticos.

Revisé las notas sueltas que componen la frágil estructura de la idea, que a su vez aspira a una novela. Los fragmentos tienen fecha de 2005 y si mi memoria no falla, hubo una extraña película que motivo esta confrontación.

Me siento con la suficiente energía para avanzar sin problemas una o dos semanas, no sé muy bien que diré y como será dicho o en palabras más exactas de Jean Racine: Ciel! que vais-je lui dire, et par oú commencer?

Este momento en términos nauticos es como merodear el puerto, visualizar el barco, tener una vaga idea del recorrido que me espera; saberme un lego navegante, pero con algo de mar en ojos y manos.

En fin, no es fácil comenzar pero ya lo decidí.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Diario de una novela

Hoy 21 de septiembre de 2011 comienzo a escribir otra novela que describo de la siguiente manera:

TITULO TENTATIVO: Expertos del re-mundo actual. (fragmento de canción de los Redondos)

PERSONAJES -POR ORDEN DE APARICIÓN-
HUGO; 38 AÑOS LADRÓN, EXTORSIONADOR, EXCONVICTO Y AFICIONADO AL AMÉRICA.
SALOMÉ; 29 AÑOS, NOVIA Y COLABORADORA DE HUGO, NO ES AFICIONADA A NINGÚN EQUIPO.
DON ISIDRO: 57 AÑOS, EX CONVICTO, LADRÓN, JEFE DE HUGO Y AFICIONADO AL CHIVAS.
ALFREDO: 36 AÑOS, PINTOR MARGINADO, AFICIONADO A LOS PUMAS.
JAVIER: 32 AÑOS, MÚSICO MARGINADO, AFICIONADO AL ATLANTE.
MARIANO: 34 AÑOS, POETA MARGINADO, AFICIONADO AL CRUZ AZUL.

DIVISIÓN CAPITULAR TENTATIVA:

primer capítulo: Hugo y Salomé se los mira felices.
segundo capítulo: Los perdedores vuelven a perder.
tercer capítulo: mucho gusto... igualmente
cuarto capítulo: los marginados y el arte de la estupidez.
quinto capítulo: Salomé -¿Freud, Wagner o Nietzche?
sexto capítulo: robaron, huyeron y la cagaron
séptimo capítulo: el real oficio.
octavo capítulo: ¿Hugo y salomé se los mira felices?
noveno capítulo: ¿Los perdedores vuelven a perder?
décimo capitulo: Apostillas a expertos del re-mundo actual.

BREVISIMA SINOPSIS:

Un ladrón busca complices para robar un banco, y encuentra en tres artistas marginados a los complices perfectos; al principio estos no acceden pero el ladrón utiliza los encantos de su novia para seducirlos y de esa manera accedan. Cuando ya todo está planeado, el ladrón decide traicionar a sus secuaces y estos son detenidos por la policia. Hugo y Salomé huyen con el dinero y los tres artistas reciben condena. pero el destino que da quiebros y requiedros, ha elegido otros caminos para todos los involucrados.

LO QUE SE PUBLIQUE EN ESTE BLOG CON RELATIVA FRECUENCIA SERÁN LOS PORMENORES QUE RODEAN EL DESARROLLO DE LA NOVELA. ME HE IMPUESTO UN AÑO PARA CONCLUIRLA A PARTIR DE HOY.